Agua

Batimetría satelital vs ecosonda: precisión, costo y cobertura

HA
M.Sc. Héctor A. Fdez Hdez
··10 min de lectura

Escuchar

Embarcación de trabajo en una campaña de levantamiento costero.

La ecosonda mide profundidad con sonido, punto por punto, desde una embarcación. El satélite la deduce del color del agua, sobre toda la superficie visible a la vez. La ecosonda es más precisa y llega a cualquier profundidad; el satélite cubre más, cuesta menos por kilómetro cuadrado y entra donde el barco no puede. En un arrecife del Caribe, nuestro modelo satelital dio 0,40 m de error contra puntos independientes.

Este artículo es para quien tiene que levantar una zona de agua somera y decidir cuánto trabajo hace con barco y cuánto desde órbita.

Qué mide cada una

EcosondaBatimetría satelital
PrincipioTiempo de viaje del sonidoAtenuación de la luz en el agua
CoberturaLíneas o franjas navegadasToda la superficie de la escena
ProfundidadSin límite prácticoHasta donde llega la luz
Agua turbiaFunciona igualNo funciona
Zona de rompienteDifícil o imposibleBuena, si el agua es clara
Precisión típicaCentímetrosDecenas de centímetros
Referencia verticalMarea o cota, medida en campañaMarea o cota del momento de la escena
Frecuencia de repeticiónCada campaña contratadaCada pasada útil del satélite

La comparación aparece casi siempre en el mismo momento: alguien tiene que levantar una zona somera, pide presupuesto de campaña y descubre que la parte más difícil —la orla, los bajos, la rompiente— es también la más cara de navegar. Ahí es donde la pregunta por el satélite deja de ser teórica.

Conviene detallar qué hay detrás de cada principio. La ecosonda emite un pulso acústico y mide cuánto tarda en volver del fondo; con multihaz, cada pulso cubre un abanico y la embarcación va tejiendo franjas. La precisión depende de la calibración del equipo, de la velocidad del sonido en el agua y de la corrección de movimientos del barco.

Hay una consecuencia de esa diferencia que conviene retener: el sonido no se entera de la transparencia del agua, y la luz sí. Un puerto con agua cargada de sedimento se levanta igual de bien con ecosonda un día claro que un día turbio; para el satélite, ese mismo puerto puede ser directamente imposible.

El satélite no mide tiempo sino color: la luz que atraviesa el agua se atenúa de forma distinta según la longitud de onda, y de esa diferencia se deduce el camino recorrido. Los modelos clásicos usan el cociente entre dos bandas [2]; los actuales, todas las bandas disponibles del sensor [4].

Las dos primeras filas explican casi todo lo demás. El sonido funciona en cualquier agua pero solo donde pasa el barco; la luz cubre toda la superficie pero solo mientras llegue al fondo.

Precisión: qué se compara con qué

Comparar una cifra con otra sin fijar el marco lleva a conclusiones falsas. Los estándares hidrográficos internacionales definen incertidumbres máximas por orden de levantamiento, pensadas para cartografía náutica [1]. Un multihaz bien calibrado se mueve dentro de esos órdenes; un producto satelital, en general, no.

Ahora bien, la pregunta útil no es cuál es más precisa, sino qué precisión necesita la decisión.

Error del modelo satelital en un arrecife del CaribeRMSE sobre puntos reservados: 0,40 m metros · 114 puntos que el modelo no vioRMSE sobre puntos reservados114 puntos que el modelo no vio0,40 mError absoluto medio: 0,30 m metros · Mismos puntosError absoluto medioMismos puntos0,30 mCaso de estudio de GeoAltia. R² de 0,86 sobre malla de 3 m.

Medio metro de incertidumbre es mucho para un canal de navegación con calados ajustados, y es poco para dimensionar una obra costera, estimar volúmenes de un vaso, planificar un dragado o describir el hábitat de un arrecife.

Qué error declara cada una

Un levantamiento acústico serio entrega incertidumbre vertical con su nivel de confianza, calculada a partir de la cadena de errores del sistema. Un trabajo satelital serio entrega el error medido contra puntos que el modelo no usó, y además por tramos de profundidad.

Son dos formas distintas de declarar lo mismo: cuánto se puede fiar el que recibe el dato. Lo que no vale, en ninguna de las dos, es entregar una superficie continua sin ninguna cifra de error.

La diferencia práctica aparece en los bordes. El acústico pierde calidad en agua muy somera, donde el haz se abre poco y la navegación es arriesgada; el satelital pierde calidad hacia el límite de penetración de la luz. Cada uno es más débil justo donde el otro es fuerte.

Cobertura y coste: dónde cambia la ecuación

El coste de una campaña acústica crece con la superficie y con la dificultad de navegación: horas de embarcación, personal, movilización y tiempo perdido por mal tiempo. El coste de un trabajo satelital depende del procesado y de los puntos de calibración disponibles, y apenas crece con el área.

Hay además zonas donde el barco directamente no entra: la rompiente, los bajos de coral, la orla somera de un embalse, las zonas con obstáculos. Ahí la comparación no es de coste, es de posibilidad.

El reparto natural queda así.

ZonaTécnicaMotivo
Franja somera y rompienteSatéliteEl barco no entra
Vaso profundoEcosondaLa luz no llega
Superficie amplia, agua claraSatéliteCoste por km²
Canal o dársena con calado críticoEcosondaPrecisión exigida
Actualización periódica de un bajoSatéliteRepetible sin campaña

Cómo se combinan

No son alternativas excluyentes: la combinación es lo que suele salir a cuenta.

La ecosonda calibra al satélite. Los sondeos existentes o una campaña corta en una franja aportan los puntos de profundidad que el modelo necesita. Con eso, la superficie completa se extiende desde la imagen.

El satélite dirige a la ecosonda. Un modelo previo señala dónde hay cambios respecto a la carta antigua, y la campaña se concentra ahí en vez de barrer todo.

Ese primer punto tiene una consecuencia de presupuesto que se suele pasar por alto: una campaña acústica corta, diseñada para calibrar en vez de para cubrir, cuesta una fracción de un levantamiento completo y multiplica el valor del modelo satelital. Es el reparto que mejor funciona en superficies grandes.

Cada uno cubre su tramo. El satélite la orla somera; la ecosonda, el vaso profundo. El entregable se empalma en la franja donde ambos miden, que además sirve para comprobar el ajuste entre los dos.

En nuestro caso del Caribe, la ecosonda disponible cubría solo una franja del frente arrecifal. El modelo se completó con perfiles de LiDAR satelital de ICESat-2, que penetra el agua clara hasta unos 40 m [3], sumando 571 puntos de control repartidos por laguna, cresta y frente. Sin esa combinación no habría habido calibración posible.

Qué pasa con la referencia vertical

Es la fuente de error más común en los dos métodos, y no tiene nada que ver con la tecnología.

En costa, la profundidad medida hay que referirla al nivel del mar en el instante de la observación. Una campaña acústica lo resuelve con mareógrafo o con posicionamiento preciso; un trabajo satelital, con la marea predicha o registrada en la hora exacta de la escena.

En embalse, el equivalente es la cota de explotación del día, que puede variar metros a lo largo del año.

Un error aquí produce un sesgo constante en todo el modelo, y es invisible si nadie lo comprueba: el mapa se ve perfecto y está desplazado. Por eso el entregable declara siempre a qué está referido, y por eso conviene exigirlo por escrito.

Cuánto tarda cada una

El plazo se compone distinto en cada caso, y conviene tenerlo claro al planificar.

Una campaña acústica necesita movilización, permisos de navegación si aplica, días de embarcación —condicionados por el estado del mar— y después el procesado. Una semana de mal tiempo puede duplicar el calendario.

Un trabajo satelital necesita encontrar la escena adecuada, reunir los puntos de calibración y procesar. Si la escena ya está en el archivo y hay sondeos previos, el plazo es corto; si hay que esperar una ventana de agua clara y mar en calma, puede alargarse semanas.

La diferencia práctica es que el satélite permite además volver atrás: si hace falta saber cómo estaba el fondo hace tres años, la imagen de entonces existe. Una campaña no se puede hacer en el pasado.

Qué preguntar antes de decidir

  1. Qué precisión exige la decisión, en metros, y en qué tramo de profundidad.
  2. Qué transparencia tiene el agua en la ventana estacional prevista.
  3. Qué superficie está por encima del límite de detección del método.
  4. Qué sondeos previos existen y con qué referencia vertical.
  5. Qué parte de la zona es navegable con seguridad.
  6. Cada cuánto hay que repetir la medida.

Las preguntas segunda y tercera se contestan en el estudio de viabilidad, con datos de transparencia y una escena de prueba. Si la mayor parte del área de interés queda por debajo del límite, el método no es el adecuado y conviene saberlo antes.

Preguntas frecuentes

¿El satélite puede sustituir una campaña completa?

En agua clara y somera, a menudo sí; en el vaso profundo, no. Lo habitual es repartir el trabajo entre ambos.

¿Qué precisión alcanza la batimetría satelital?

Depende del sitio. En nuestro caso, 0,40 m de RMSE sobre puntos reservados, con el error creciendo hacia el límite de profundidad.

¿Sirve para cartografía náutica oficial?

Como fuente de actualización y priorización, sí; para levantamientos certificados, el sondeo acústico sigue siendo la referencia [1].

¿Y en un embalse?

Funciona en la orla somera, que es justo donde la embarcación trabaja peor. La transparencia manda, y varía mucho a lo largo del año.

¿Se puede medir con satélite lo que ya está cartografiado?

Sí, y es una de las aplicaciones más rentables: comparar el modelo actual con la carta antigua señala dónde ha cambiado el fondo, que es donde conviene mandar la embarcación.

¿Cuántos sondeos hacen falta para calibrar?

Los suficientes para cubrir el rango de profundidades y los tipos de fondo presentes. Lo tratamos en cómo validar una batimetría satelital.

Antes de cerrar, una recomendación práctica sobre el orden de trabajo: primero el modelo satelital, después la campaña dirigida. Al revés se navega mucho para descubrir dónde había que navegar, y en superficies grandes esa diferencia se nota en el presupuesto. Cómo funciona el método por dentro está en batimetría satelital: cómo funciona.

La pregunta no es qué técnica es mejor, sino qué parte del agua puede medir cada una en su zona. El reparto se decide con datos, no con folletos: qué profundidad alcanza el método se explica en hasta qué profundidad mide la batimetría satelital, y la viabilidad del sitio se resuelve antes de cotizar en el servicio de batimetría satelital.


Fuentes

  1. International Hydrographic Organization. S-44: Standards for Hydrographic Surveys, edición 6.1.0.
  2. Stumpf, R. P., Holderied, K. y Sinclair, M. (2003). Determination of water depth with high-resolution satellite imagery over variable bottom types. Limnology and Oceanography, 48(1, parte 2), 547–556.
  3. NASA Earthdata. New global ICESat-2 bathymetric data fills near-shore data voids.
  4. ESA. Sentinel-2 MSI User Guide.

Imagen de portada: US EPA, Virginia Coastal Survey (dominio público), recortada y tratada.

Autor

M.Sc. Héctor A. Fdez Hdez

Ingeniero geofísico. Maestro en Ciencias del Mar y Limnología por la UNAM.

Publicado el

Compartir

Artículos relacionados

Siguiente paso

Llévalo a tu terreno

Cuéntanos la zona y qué decisión depende del dato. Te devolvemos alcance, plazo y costo, sin compromiso y sin que nadie tenga que desplazarse todavía.

  • Respuesta en 24 – 48 h laborables
  • Sin visita previa
  • Datos crudos y formatos abiertos
logoSolicitar Soluciones